El cambio hacia la movilidad eléctrica no se explica únicamente por razones ambientales o por la proliferación de las ayudas públicas, sino por su capacidad de adaptarse a las rutinas reales de los conductores. La escasez de puntos de carga y las esperas prolongadas continúan siendo un obstáculo frecuente, especialmente fuera del hogar, evidenciando que la red disponible resulta clave para el uso cotidiano y es manifiestamente insuficiente.

Un estudio reciente realizado a 501 propietarios de vehículos eléctricos en Estados Unidos revela que aproximadamente el 10% de los conductores no repetiría su compra, un dato que introduce matices en el crecimiento del coche eléctrico.

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