Alemania, que en muchos momentos ha liderado la movilidad 100% eléctrica, ha sorprendido con un inesperado giro estratégico: promover el uso del hidrógeno como combustible para motores térmicos. Esta nueva apuesta, que no solo busca mantener la potencia y eficiencia tradicionales, sino también reducir drásticamente las emisiones, representa una alternativa tecnológica para una era energética mixta.

El hidrógeno, al quemarse en un motor, no genera CO₂, una condición indispensable para ser considerado un combustible limpio. Además, permite aprovechar al 90% la arquitectura técnica de los motores de combustión ya existentes, lo que ofrece flexibilidad en la transición energética.

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