Las refinerías españolas están sobreviviendo gracias a las exportaciones que realizan. En el último ejercicio, el volumen de ventas al exterior se vio incrementado en un 30% y, si no fuera por ello, prácticamente la mitad de las diez refinerías que actualmente están operativas en España tendrían que ser cerradas. La caída del consumo de combustibles por la crisis -en 2012 se redujo más de un 7%- está siendo solventado por las ventas al exterior. En cinco años, la demanda ha descendido ya un 18% y este año va camino de superar todas las previsiones. A finales de 2013, la caída acumulada sería de un 25%. El avance del mes de junio es demoledor: las ventas de gasóleo cayeron un 13% y las gasolinas un 11% respecto a igual mes del año pasado. Lo paradójico de todo esto es que, mientras baja la demanda cada vez más, el número de gasolineras y puntos de ventas sigue creciendo. En el periodo 2007, justo cuando estalló la crisis en todo el mundo, había 8.900 puntos de venta y ya se superan las 10.400 estaciones.

La Asociación de Operadores de Petróleos (AOP) alerta que, de seguir así, las grandes operadoras como Repsol, Cepsa o BP tendrán que cerrar instalaciones. Una muestra de la gravedad de la situación es el hundimiento de la media de ventas en litros por gasolinera. En 2007, una gasolinera vendía anualmente del orden de 3,5 millones de litros y en 2012 esa cifra se ha reducido hasta los 2,5 millones de litros. Con estas ventas muchas de ellas no son rentables. Si sobreviven es gracias a las venta en tienda.

La patronal AOP reconoce que las grandes operadoras son las que más están perdiendo porque su costes operativos -de personal y por la dimensión de la propia instalación en sí- son más elevados que los que tienen que soportar las gasolineras con marcas blancas, cooperativas y las low cost, instaladas en las grandes superficies e hipermercados. Por ese motivo, califican de demagogia las afirmaciones de la Comisión Nacional de Competencia y del propio ministro de Industria y Energía, José Manuel Soria, cuando afirman que no hay competencia y que hay pacto de precios. "Si bajásemos más los precios estaríamos vendiendo por debajo de coste y eso no lo podemos hacer. Las cifras están ahí, las grandes vendemos cada vez menos, y las marcas blancas son las que sobreviven", denuncian fuentes el sector.

En los datos que maneja AOP, se ve cómo las cadenas de hipermercados están instalando cada vez más gasolineras en sus áreas de venta. En 2009, había 265 y a finales del pasado año se contabilizaban 295. Las cooperativas están proliferando también como setas. Así, de 500 sociedades cooperativas con postes de venta de gasolina de 95 y gasóleo se ha pasado a 638.

Estas mismas fuentes sostienen que tanto Repsol, Cepsa como BP están manteniendo sus resultados en el negocio del refino gracias a que han sabido invertir y están exportando sus excedentes de gasolinas y gasóleos. Claro está que el nivel de ingresos no es el mismo que si esos productos se vendieran en el mercado interno pero por ahora les permite salvar los muebles. Gracias a las inversiones que han realizado -más de 6.000 millones de euros-, las refinerías españolas están produciendo ocho millones de toneladas más de combustibles y, de ser importadores netos de productos -en 2007 se llegaron a importar casi el 40% de nuestras necesidades de destilados-, se ha pasado a ser exportadores.

Pinchazo general
La crisis en España no sólo provocó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria sino que arrastró con ella a otros tantos negocios. Por el mismo efecto de que todo valía, con la hipoteca de la casa los bancos no sólo te entregaban el dinero para las llaves del piso que comprabas, sino que en el crédito te incluían las llaves de un coche si querías. Luego, claro está, sucedió lo que no estaba previsto. Llegaron las vacas flacas y el trabajo falló y todo se derrumbó como un castillo de naipes. Sobraba el coche y tampoco se podía hacer frente al supercrédito que tan amablemente te había concedido el empleado del banco.

Pero antes de que la economía se derrumbase, por el mismo efecto boomerang de compra de coches, el consumo de combustibles comenzó a dispararse y la demanda no paraba de crecer. España tuvo entonces un problema de desequilibrio entre oferta y demanda al que las refinerías eran incapaces de dar respuesta. El aumento de la flota de coches diesel de gran cilindrada creció como un tiro y no había capacidad de conversión. Las refinerías españolas se habían quedado además un tanto obsoletas y tenían que importar productos.

Las grandes compañías se dieron cuenta de que no sólo tenían que hacer frente a la demanda y tenían que invertir sino que también era necesario ser más eficiente y procesar crudos más pesados para competir con las grandes multinacionales de Europa. Así es como refinerías como la de Petronor -propiedad de Repsol- en Bilbao y la de Castellón, de British Petroleum, han logrado convertir prácticamente todo el fueloil que generaban en gasóleo de automoción.

Luego ha ocurrido lo que ya se sabe. El desplome de la demanda interna por la crisis y la entrada en servicio de todas las ampliaciones y mejoras de las instalaciones de refino -actualmente de las más modernas de la Unión Europea- está obligando a exportar todos los excedentes que no se comercializan en España. En 2012, las exportaciones alcanzaron los 17,08 millones de toneladas lo que supone un crecimiento del 30,8%.

En otros países afectados también por la crisis, la situación ha sido bien distinta y ha golpeado a las compañías petroleras con efectos bien distintos. La caída de la demanda, la competencia que hay con otros países fuera de la UE y los márgenes bajos han obligado a cerrar numerosas refinerías en distintos países de Europa.

La AOP subraya en su memoria de ejercicio pasado que las refinerías que no hayan invertido en adaptarse a la demanda, en ser más eficientes y capaces de procesar crudos más pesados, tendrán serios problemas en el futuro. "Los márgenes de los tres últimos años son muy inferiores al periodo de los llamados años dorados que se vivieron entre 2004 y 2008.

Julián González