La Unión Europea tiene entre manos un nuevo impuesto para castigar el consumo de combustible. Y eso implica, sin ninguna duda, un encarecimiento en el precio de la gasolina y el diésel que utilizamos en nuestro día a día. Pero también en el que necesitan los transportistas para trabajar.

Y eso tiene consecuencias.

Derechos de emisiones. No es realmente nuevo, porque forma parte de un paquete de medidas cuya reforma ya se aprobó en 2018. Hablamos del Régimen de Comercio de Derechos de Emisiones de la UE, conocido también como el ETS2 que cambiará en 2027 para imponer un nuevo impuesto al consumo de los combustibles que emiten CO2.

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