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16 de Septiembre de 2013 | Categoría:
En Siria no hay mucho petróleo. Pero Siria está al lado de varios países que tienen mucho petróleo. No es necesario trabajar como estratega del Pentágono para entender que esta premisa resulta fundamental, aunque desde luego no es la única, para comprender las dudas que suscita en la Casa Blanca un ataque militar sobre Damasco. Unas dudas que se han alargado durante las últimas tres semanas y que siguen encima de la mesa de los principales dirigentes mundiales, desde El Elíseo hasta Downing Street, pasando por el Kremlin y la ONU. Unas dudas que continuarán hasta que Barack Obama, con el apoyo del Congreso o sin él, con la bendición de la ONU o sin ella, tome una decisión.
Los mercados del petróleo, siempre sensibles a cualquier inestabilidad geopolítica, han reaccionado a esta incertidumbre con repuntes de los precios. El pasado 27 de agosto, el precio del barril de Brentaumentó en tres dólares, de 111 a 114. Ese día, fuentes de la Casa Blanca filtraron a medios americanos que Obama prácticamente había puesto fecha y hora al inicio del lanzamiento de misiles a objetivos sirios desde buques americanos. Al día siguiente, la OTAN se sumó a EEUU en su condena al presunto uso de armas químicas por parte de Bashar Al Asad. El crudo subió a 117 dólares. No había alcanzado esa cota en seis meses. Pero luego se produjo cierta moderación en el discurso estadounidense, que abrió la puerta a una negociación con Rusia para que el dictador sirio entregara el armamento tóxico. Y el petróleo empezó a caer poco a poco. El viernes cerró la sesión en torno a los 112 dólares.
No obstante, la tensión sobre los precios del oro negro seguirá si también continúan las actuales ?tormentas geopolíticas?, tal como ha alertado un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) difundido el pasado jueves. El organismo reconoce que la posible entrega de armas químicas ha concedido ?un respiro? al encarecimiento del barril, pero sitúa el verdadero problema en otra parte, al igual que muchos de los analistas que en los últimos días han ofrecido sus opiniones sobre esta crisis.
EXPORTACIÓN
A su juicio, el aumento de los precios guarda una gran relación con la caída de la exportación de crudo que Libia viene sufriendo desde 2011, cuando la guerra civil lesionó gravemente la capacidad petrolífera del país. Actualmente exporta 150.000 barriles al día, cuando la industria nacional tiene capacidad para vender hasta 1,2 millones diarios. Cuantitativamente, Libia no es un protagonista crucial del mercado de crudo (aporta el 2% de la producción mundial), pero su materia prima es de alta calidad.
?La mayoría del mercado está preocupada por la exportación que se ha perdido en Libia. Aunque la situación en Siria sea terrible, lo más probable es que su situación no vaya a alterar los precios a menos que se produzca una intervención militar, lo cual tampoco parece que vaya a suceder?, explica a EXPANSIÓN un operador de Vitol, multinacional de compraventa de petróleo. ?De hecho, el siguiente gran movimiento de precios puede ser a la baja si se recuperan las exportaciones libias?, indica.
No obstante, esto tampoco significa que una acción sobre Siria sea irrelevante. Es cierto que el país árabe no es un destacado productor de crudo (apenas 60.000 barriles diarios) por lo que un bombardeo no supondría en absoluto una limitación del suministro mundial. Lo que sí es más factible es que la intervención de EEUU desencadene un juego de alianzas políticas en toda la zona: Asad podría reclamar el apoyo de Irán y el grupo terrorista libanés Hezbolá, lo cual aumentaría la preocupación de Israel y, en una extensión geográfica del conflicto, de Arabia Saudí, que es el principal productor de petróleo del planeta y tradicional suministrador de EEUU. Por si fuera poco, Egipto vive una de las situaciones más delicadas de las últimas décadas tras el derrocamiento de Mohamed Mursi y la represión del Ejército sobre los islamistas.
El miedo a esta reacción en cadena sí podría a su vez despertar en los especuladores un pánico que llevara los precios del crudo a 150 dólares, como ha alertado recientemente Société Génerale.
La pregunta es: ¿le compensa a EEUU meterse en todo este embrollo? Las últimas estimaciones sobre su industria doméstica pueden ofrecer respuestas: el descubrimiento de nuevos yacimientos petrolíferos y la proliferación del fracking podrían otorgar a EEUU la independencia energética en 2025. Es decir, que ya no tendrían por qué comprar petróleo a Oriente Próximo. ¿Para qué, entonces, buscarse problemas allí?