Como ya ha ocurrido en algunos puntos del planeta con el combustible para aviación -especialmente, en Asia-, el problema con el diésel y la gasolina en algunos países europeos empieza no a ser su precio sino su escasez por la guerra de Irán y el cierre del estrecho del Ormuz, por el que transita el 20% del petróleo mundial. En Francia, el 12% de las estaciones de servicio se ha quedado sin alguno de los carburantes que vende habitualmente, según ha confirmado el Gobierno francés.

Aunque el Ejecutivo galo asegura que no se trata de un problema de escasez, lo cierto es que se trata de una situación derivada del conflicto de Irán pues se debe a "tensiones logísticas locales y puntuales concentradas en las gasolineras de TotalEnergies", que ha topado sus precios por la coyuntura actual.

En Alemania, la ministra de Economía, Katherina Reiche, también ha avisado de que si el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel no se resuelve, el suministro de carburantes en el país podría tener problemas antes de que termine el mes de abril.

Igualmente complicada es la situación en Eslovenia, que a finales de marzo decidió racionar la venta de gasolina y diésel a 50 litros por persona al día, con un límite de 200 para agricultores y empresarios, para afrontar la crisis del petróleo.

En España, sin embargo, no se atisban problemas de suministro, según aseguran desde el sector. La Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE), a la que pertenecen Repsol, Moeve, Galp y BP, afirma que España tiene "el sistema de refino más flexible y competitivo de toda la Unión Europea".

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