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09 de Marzo de 2022 | Categoría: Actualidad
La reducción de la huella de carbono avanza a paso lento pero seguro. La Estrategia para una Movilidad Inteligente y Sostenible de la Comisión Europea pretende que las emisiones de CO₂ en el transporte hayan caído un 90% en 2050, y la Directiva Europea de Energías Renovables fija en el 40% la cuota de renovables en el consumo de energía total de la Unión para 2030.
No hay que irse tan lejos para comprobar que los cambios forman ya parte de nuestro día a día. Cada vez que vamos a repostar, por ejemplo, estamos llenando nuestro depósito con un 10% de biocombustibles, porcentaje marcado por ley para 2022, que se pueden fabricar a partir de materias primas de origen biológico como determinados cultivos, biomasa, aceites vegetales usados o residuos agrícolas y forestales.
A medio plazo aparecen en el horizonte de la movilidad otras opciones renovables, como los combustibles sintéticos o e-fuels, que tienen cero emisiones netas. Para su producción se utiliza hidrógeno renovable obtenido de moléculas del agua mediante un proceso de electrólisis y dióxido de carbono (CO2) retirado de la atmósfera, lo que convierte al principal enemigo de la sostenibilidad en aliado de la transición energética.
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