Europa ya no discute solo cómo descarbonizar su economía. Discute algo más incómodo: ¿quién va a fabricar, dentro de sus fronteras, los combustibles que necesitará su tejido productivo durante las próximas décadas?

La regulación ha empezado a moverse antes que la oferta. FuelEU Maritime, ReFuelEU Aviation y la nueva Directiva de Energías Renovables (RED III) han convertido los combustibles renovables en una obligación creciente para navieras, aerolíneas y refinerías. Algunos países europeos, como Alemania, ya están avanzando en la adaptación de sus marcos nacionales para activar esa demanda, mientras España sigue pendiente de cerrar una transposición clave para dar certidumbre a los proyectos y a los compradores. Lo que antes podía presentarse como una decisión voluntaria de sostenibilidad empieza a entrar en la cuenta de resultados, y quien no incorpore combustibles renovables tendrá que asumir el coste de no hacerlo.

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