A principios del año 2023, la Unión Europea acordó que cualquier coche nuevo con motor de combustión interna no se podría vender en los concesionarios europeos a partir de 2035. Esta decisión no fue del todo bien recibida por fabricantes y compradores, lo que llevó a Bruselas a rectificar a finales del año pasado y a ser más permisivos, aunque con una letra pequeña con durísimas condiciones.

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