La regulación de emisiones de dióxido de carbono en la Unión Europea vuelve al centro del debate político e industrial tras unos meses en estado latente dado que el foco parecía estar en otros ámbitos. Y es que Alemania, la mayor potencia automovilística del continente, ha solicitado formalmente una mayor flexibilidad en la normativa comunitaria sobre CO₂, en un movimiento que refleja las tensiones crecientes entre los objetivos climáticos y la realidad industrial del sector.

El Gobierno alemán considera que los actuales objetivos, diseñados para acelerar la descarbonización del transporte, podrían generar efectos adversos si no se ajustan a las circunstancias económicas y tecnológicas actuales. La petición no implica un abandono de las metas climáticas, pero sí una revisión de los plazos y mecanismos para alcanzarlas.

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