Que Alemania es el país con más influencia en las políticas de la Unión Europea, ya nadie lo duda. Especialmente cuando además los debates se centran entorno a la industria del automóvil, donde el país germano es una de las grandes potencias mundiales acaparando buena parte de los mayores fabricantes mundiales. El órdago, por tanto, estaba servido y no hacía falta ni siquiera esconder cartas.

Así lo hemos comprobado en las últimas horas, donde políticas previstas y acordadas ya por el Parlamento Europeo pueden irse definitivamente al traste por cambios propiciados por las presiones de Alemania, y ante la incredulidad y enfado de países que, como España o Francia, defendían intereses contrapuestos. La histórica locomotora de Europa, aunque hoy en horas bajas en términos de crecimiento económico, sigue marcando el ritmo.

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